La era de la transformación 
Perspectivas seculares

En busca de resiliencia

La volatilidad, la inflación y las presiones geopolíticas han llevado a los países y a las empresas a hacer hincapié en la defensa. Abogamos por incrementar la resiliencia de las carteras en este mundo cada vez más fragmentado, y analizamos en profundidad los riegos y las oportunidades que prevemos en los cinco próximos años.

El Autor

Joachim Fels

Asesor económico global

Andrew Balls

CIO Global Fixed Income

Daniel J. Ivascyn

Director de inversiones del Grupo

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LEER PERSPECTIVAS

El entorno macroeconómico mundial sigue siendo de todo menos normal, y los inversores tendrán que discurrir por una senda volátil y complicada en los cinco próximos años. La disrupción y la incertidumbre probablemente persistirán, y la desglobalización agravará las fisuras en la economía mundial. Un enfoque meditado a largo plazo debería ayudar a los inversores a encarar este difícil camino. A continuación, ofrecemos las principales conclusiones del reciente Foro Secular de PIMCO, cuando nuestros profesionales de inversión, ponentes invitados y nuestro Consejo Asesor Mundial se reunieron en persona durante tres días de intensos debates.

Evaluación de la situación

Comenzamos con una minuciosa revisión de nuestras premisas y comprobamos que los temas analizados en nuestras Perspectivas seculares de 2021 «La era de la transformación» siguen estando presentes en la actualidad. Habíamos anticipado un panorama macroeconómico más incierto y volátil, y señalamos las transformaciones sociales, digitales y ecológicas como las principales fuerzas desestabilizadoras. Vaticinamos unos ciclos economicos e inflación más cortos, con mayores amplitudes y divergencias entre los diferentes países. Todos estos temas siguen siendo válidos.

No obstante, la tarea evidente e inmediata era integrar la enorme disrupción que no habíamos previsto el año pasado: la invasión rusa de Ucrania en febrero y la terrible guerra que se libra desde entonces, así como las severas sanciones financieras y económicas y otras respuestas políticas de la mayoría de las democracias occidentales. Ahora bien, cuando evaluamos las consecuencias de estos acontecimientos en nuestras hipótesis de inversión, nos resultó útil distinguir entre nuestro horizonte cíclico a corto plazo (de seis a doce meses), el horizonte a medio plazo (de uno a dos años) y nuestro horizonte secular a más largo plazo (de cinco años y, probablemente, más allá).

Perspectivas a corto plazo: una economía «anti-Goldilocks»

Analizamos brevemente y confirmamos las hipótesis cíclicas que compartimos en nuestras Perspectivas cíclicas «Anti-Goldilocks» de marzo de 2022. Los recientes datos macroeconómicos sustentan nuestra opinión de que las perturbaciones causadas por la guerra y las sanciones, junto con los confinamientos impuestos en China relacionados con la pandemia de coronavirus, presentan un carácter estanflacionario, al impulsar la inflación hacia niveles aún más elevados a corto plazo y provocar una ralentización del crecimiento económico en las principales economías hasta la velocidad de pérdida en el horizonte cíclico. Además, en vista de la elevada tasa de inflación general que se observa actualmente en todo el planeta (p. ej., en torno al 8% en Estados Unidos y en Europa en el momento de redactar estas líneas), los principales bancos centrales parecen decididos a atajar primero la inflación y preocuparse después por el crecimiento, lo que nos lleva a nuestras perspectivas a medio plazo.

Elevados riesgos de recesión a medio plazo

Percibimos un elevado riesgo de recesión en los dos próximos años, reflejo del mayor potencial de turbulencias geopolíticas, una inflación en cotas persistentemente elevadas que reduce la renta disponible real de los hogares y el intenso énfasis de los bancos centrales por combatir la inflación de forma prioritaria, lo que aumenta el riesgo de eventos financieros además del brusco endurecimiento de las condiciones financieras que ya hemos observado.

Asimismo, cuando se produzca la próxima recesión (de producirse), las respuestas monetarias y fiscales probablemente serán más comedidas y llegarán más tarde que en las últimas recesiones cuando la inflación no suponía una inquietud y cuando los niveles de endeudamiento público y los balances de los bancos centrales resultaban menos abultados. Al igual que las autoridades fiscales aprendieron de la débil recuperación económica tras la crisis financiera mundial y reaccionaron con mayor contundencia a la recesión provocada por la pandemia, la elevada inflación actual podría hacer que los responsables políticos vacilen a la hora de reconsiderar estas herramientas, sobre todo en Estados Unidos.

Percibimos un elevado riesgo de recesión en los dos próximos años, reflejo del mayor potencial de turbulencias geopolíticas, una inflación en cotas persistentemente elevadas y el intenso énfasis de los bancos centrales por combatir la inflación de forma prioritaria
En busca de resiliencia

Por lo tanto, aunque por muchos motivos consideramos que la próxima recesión seguramente no será tan profunda como la Gran Recesión de 2008 o la brusca paralización de 2020 ligada a la crisis sanitaria, es posible que resulte más prolongada o que la posterior recuperación sea más lenta debido a la respuesta menos contundente de los bancos centrales y de los gobiernos.

Tema secular: en busca de resiliencia

Una importantísima consecuencia a más largo plazo de la guerra en Ucrania y de las respuestas conexas es la intensificación de las divisiones geopolíticas, lo que podría acelerar la transición desde un mundo unipolar a un mundo bipolar o multipolar. Esta fragmentación ya había comenzado al erigirse China en gran potencia económica y geopolítica y al mostrar los gobiernos occidentales una actitud de escepticismo con respecto al gigante asiático.

En un mundo más dividido, consideramos que los gobiernos y los responsables de la toma de decisiones en las empresas se centrarán cada vez más en la seguridad y la resiliencia:

  • Dado que el riesgo de conflicto militar es más real tras la agresión rusa contra Ucrania, muchos gobiernos sobre todo en Europa, aunque también en otras regiones han anunciado planes para aumentar el gasto en defensa e invertir en seguridad tanto energética como alimentaria.
  • Muchos responsables de la toma de decisiones empresariales están haciendo hincapié en la creación de cadenas de suministro más resilientes a través de una diversificación mundial y una relocalización a regiones cercanas y con las que tienen buenas relaciones. Estas medidas ya se habían adoptado previamente —en respuesta a las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y porque la pandemia de coronavirus demostró la fragilidad de las elaboradas cadenas de valor—, y probablemente se verán agravadas en vista del entorno geopolítico más incierto.
  • Además, con el fin de abordar los riesgos relacionados con el clima y la crisis de coronavirus, la mayoría de los gobiernos y muchas empresas han comenzado a redoblar esfuerzos para mitigar los efectos del calentamiento global y adaptarse a este fenómeno, así como para mejorar la seguridad sanitaria de sus ciudadanos y empleados.

Esta búsqueda de resiliencia y seguridad podría, con frecuencia, ir en detrimento de la eficiencia económica a corto plazo. En nuestra opinión, esta tendencia secular comporta cinco grandes consecuencias macroeconómicas:

En primer lugar, el mayor gasto en muchos ámbitos —p. ej., defensa, atención sanitaria, seguridad energética y alimentaria, cadenas de suministro más robustas, mitigación de los riesgos climáticos y adaptación a dichos riesgos—, siempre que no venga acompañado de recortes en otros ámbitos, podría apuntalar la demanda agregada en el horizonte secular. No obstante, puede que gran parte de este gasto adicional no se traduzca en un crecimiento de la productividad a largo plazo, a no ser que las empresas realicen esfuerzos complementarios a tal efecto a través de una acelerada inversión en tecnología. Por otro lado, la búsqueda de resiliencia vendrá probablemente de la mano de un mayor nivel de regulación y proteccionismo, lo que podría hacer mella en el crecimiento a largo plazo. Así pues, en general, creemos poco probable que el crecimiento de la producción en el horizonte secular supere con creces el de la década previa a la pandemia.

En segundo lugar, la búsqueda de resiliencia y seguridad conlleva una cierta dinámica inflacionaria favorable, ya que las empresas crean duplicidades en sus cadenas de suministro y las acercan a sus fronteras. Si los gobiernos adoptan políticas más represivas en materia de inmigración, los mercados de trabajo podrían tornarse menos competitivos, lo que posiblemente se traduciría en mayores presiones salariales. Además, la transición «verde», que en algún momento debería comportar una reducción de los precios energéticos a partir de energías renovables más baratas, podría espolear los precios de la energía durante algún tiempo, ya que la oferta de energía «marrón» podría reducirse a un ritmo mayor que el de la expansión de las energías renovables. En última instancia, sin embargo, la posibilidad de que estos factores conlleven una inflación permanentemente elevada en el horizonte secular dependerá de la respuesta política de las autoridades monetarias y fiscales.

En tercer lugar, teniendo en cuenta esta propicia dinámica inflacionaria, los bancos centrales afrontan un dilema. Respaldar la demanda agregada y reforzar la resiliencia supondría un aumento de la inflación. En cambio, reducir la inflación hasta el nivel objetivo resultaría costoso en términos de demanda y empleo. Por ahora, dado el excesivo grado de desviación de la inflación con respecto a los objetivos de los bancos centrales, la mayoría de ellos están haciendo hincapié en la lucha contra la inflación. Queda por ver si los bancos centrales seguirán otorgando prioridad a la inflación cuando esta se acerque a los niveles objetivo o si tolerarán un modesto rebasamiento. Nuestra visión general estriba en que los riesgos de inflación en el horizonte secular han rotado al alza.

Los bancos centrales afrontan un dilema: combatir la inflación o respaldar el crecimiento
En busca de resiliencia

En cuarto lugar, creemos que existe una mayor probabilidad de que se produzcan eventos de crédito en el sector privado y ciclos de impago en el horizonte secular. Las crecientes necesidades de gasto en seguridad y resiliencia seguramente ejercerán presión sobre los balances de las empresas y del sector público, el servicio de la deuda probablemente se incrementará y el riesgo de recesión es real. Una elevada inflación implica una menor predisposición o capacidad de los bancos centrales para respaldar a los deudores del sector privado. Los gobiernos también se mostrarán menos predispuestos a ayudar debido al renovado aumento de los niveles de deuda durante la pandemia y a la necesidad de financiar las mayores pensiones y los costes sanitarios derivados del envejecimiento de la población.

En quinto lugar, y no por ello menos importante, observamos un riesgo de desglobalización financiera y de mayor fragmentación de los mercados de capitales en el horizonte secular: una «guerra del capital», según uno de los participantes en nuestro foro. La instrumentalización de las sanciones financieras y las posiciones en reservas de divisas podrían incrementar el sesgo hacia los mercados nacionales de los acreedores públicos y privados en los países con superávit por cuenta corriente y podrían conllevar una disminución de los flujos financieros hacia el dólar estadounidense con el paso del tiempo. No obstante, dada la ausencia de monedas alternativas satisfactorias con unos mercados de capitales profundos y líquidos que puedan competir con el dólar, resulta probable que cualquier cambio de esta índole se produzca de forma extremadamente lenta, en lugar de abrupta, y se prolongue mucho más allá de nuestro horizonte secular.

 

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Implicaciones para la inversión

Estamos convencidos de que hemos dejado atrás el mundo que una vez definimos en su momento como la «Nueva Normal», caracterizado por unos niveles de crecimiento e inflación débiles pero estables y unas tasas de inflación que se situaban obstinadamente por debajo de los objetivos de los bancos centrales. Durante ese periodo, muchos inversores se vieron recompensados por la «búsqueda de rentabilidad» y por la «compra en periodos bajistas», al anticipar la intervención de los bancos centrales y —durante la pandemia de coronavirus— una política fiscal favorable para los activos de riesgo. Sin embargo, en el horizonte secular, creemos que los bancos centrales tendrán una menor capacidad para contener la volatilidad del mercado y apuntalar las rentabilidades de los activos financieros.

Construyendo resiliencia

De cara al futuro, pensamos que, en lugar de buscar rentabilidad, los inversores tratarán de aumentar la resiliencia en el proceso de construcción de carteras, haciendo hincapié en una asignación de activos más robusta para hacer frente a un entorno más incierto en términos de volatilidad macroeconómica, volatilidad del mercado y apoyo de los bancos centrales. Por nuestra parte, pretenderemos reforzar la resiliencia de las carteras que gestionamos en nombre de nuestros clientes e intentaremos aprovechar las oportunidades que surjan durante periodos de volatilidad de mercado.

La diversificación merece un examen más detenido. Al igual que los responsables de la toma de decisiones empresariales tratan de diversificar sus cadenas de suministro, los inversores podrían intentar diversificar sus carteras en vista de los riesgos y los factores geopolíticos. Es posible que asistamos a resultados inesperados, como el rápido aislamiento de Rusia del sistema financiero internacional. Las empresas y los gobiernos podrían verse presionados para aclarar en qué bando se encuentran en esas divisiones geopolíticas, lo que podría conllevar sanciones, controles de capital y, en última instancia, medidas de confiscación. Además de la diversificación entre las diferentes clases de activos, estos asuntos geopolíticos podrían repercutir en las decisiones de inversión y las primas de riesgo exigidas.

Un mundo de reducidas rentabilidades

Las valoraciones de partida —incluso tras la debilidad de la que hemos sido testigos en los mercados de activos en los últimos meses— y nuestras expectativas de un entorno macroeconómico y de mercado más volátil confirman la necesidad de formular unas previsiones más reducidas y realistas sobre las rentabilidades de los activos en el horizonte secular. Nuestro pronóstico de ciclos más cortes y —dado el nuevo entorno de inflación— unas respuestas políticas más inciertas y menos contundentes también abogan por un énfasis en la resiliencia de las carteras, en detrimento de la búsqueda de rentabilidad. A nuestro parecer, existe una elevada probabilidad de que Estados Unidos y otras economías avanzadas entren en recesión en los dos próximos años; esto también exige una evaluación perspicaz de las rentabilidades potenciales de los activos y un énfasis en la conservación del capital.

Dicho esto, la yield de los principales índices de renta fija se ha recuperado desde los mínimos marcados en la era de coronavirus; además, en nuestro escenario base sugerimos que los mercados forward reflejan o están cerca de reflejar lo que probablemente será el máximo secular de los tipos oficiales en diferentes países. Los bancos centrales deberían disponer de un mayor margen de maniobra para recortar las políticas monetarias convencionales en caso de que las presiones inflacionarias se estimen manejables y los tipos de interés del mercado se sitúen por encima de los rangos más bajos observados en los últimos años, lo que podría traducirse en una rentabilidad atractiva de los mercados de bonos en un entorno de recesión.

La renta fija debería desempeñar una función importante a la hora de incrementar la resiliencia de las carteras diversificadas
En busca de resiliencia

Según nuestras previsiones, la mayoría de los indicadores de referencia de bonos arrojarán rentabilidades positivas y la renta fija, a unos niveles de yield más elevados, desempeñarán una función importante a la hora de incrementar la resiliencia de las carteras diversificadas.

Tipos estables de los bancos centrales y mayores primas de riesgo de la renta fija

Si bien hemos dejado atrás el periodo de la Nueva Normal de los años previos a 2020, creemos que los reducidos tipos de interés oficiales reales de la Nueva Neutral probablemente se mantendrán después de la lucha cíclica contra la inflación. Los factores seculares que han lastrado los tipos oficiales neutrales a la baja —como las tendencias demográficas, el exceso de ahorro mundial y los elevados niveles de deuda— seguramente continuarán anclando los tipos de interés oficiales en cotas bajas, aunque constatamos de forma marginal una presión alcista procedente de factores de carácter más inflacionario, como la desglobalización y el énfasis en la solidez de las cadenas de suministro.

El dominio financiero —el impacto directo en los mercados financieros del endurecimiento de las políticas monetarias, además del impacto indirecto a través de variables macroeconómicas— probablemente limitará el grado en que los tipos oficiales aumentarán de forma significativa por encima del nivel que descuentan los mercados a plazo, en escenarios de riesgo diferentes al de un rebasamiento persistente de la inflación y unas crecientes expectativas inflacionarias que obligan a los bancos centrales a fijar unos elevados tipos oficiales, con la recesión como objetivo y no solo como una consecuencia residual.

En un mundo caracterizado por una mayor incertidumbre en torno a las perspectivas macroeconómicas y, en particular, la futura senda de la inflación, prevemos que los mercados financieros exigirán una mayor prima de plazo —compensación por el riesgo ligado a la renta fija— por invertir en bonos con vencimientos más largos. Seguramente ya hemos dejado atrás el periodo de reducidas primas de riesgo, cuando la demanda de protección frente a los riesgos económicos bajistas contrarrestaban las preocupaciones sobre la inflación. En general, anticipamos unas primas de plazo más elevadas de cara el futuro.

A corto plazo, es posible que asistamos a un aplanamiento de la curva, conforme los mercados examinan los nuevos datos de inflación y el equilibrio entre la inflación y los riesgos de recesión. No obstante, a lo largo de todo el periodo secular, prevemos el restablecimiento de unas curvas más pronunciadas en un entorno donde el riesgo de inflación puede tomar cualquier dirección en torno a los objetivos de los bancos centrales y donde existe un mayor potencial de que persistan unas presiones inflacionarias al alza en comparación con el mundo de la Nueva Normal.

En cuanto a los tipos de interés del mercado, esperamos que los reducidos tipos de los bancos centrales (reducidos, al menos, con respecto a los niveles registrados a principios de la década de 2000) sigan funcionando como un ancla importante. En nuestro escenario base, tomando el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años como indicador de referencia, anticipamos un rango similar o ligeramente superior al que prevaleció durante la década pasada, con la excepción del periodo de coronavirus en 2020. Esto equivale a un rango estimado de entre un 1,5% y un 4%. El extremo superior del rango implica que el potencial de una cierta revalorización resulta un tanto mayor en comparación con la experiencia de la última década, cuando el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años solo superó brevemente el 3%. Esto refleja nuestra previsión de una tasa de inflación más elevada que la de la década pasada cuando la inflación no alcanzaba los objetivos de los bancos centrales, así como un mayor riesgo de repunte inflacionario tanto a nivel cíclico como secular. Sin duda, existen escenarios de riesgo que podrían catapultar los rendimientos por encima o por debajo de estas previsiones centrales.

Mayor prima de riesgo de renta variable

Unos ciclos económicos más cortos y una dosis adicional de volatilidad macroeconómica también podrían espolear las primas de riesgo de renta variable (es decir, los inversores podrían exigir una mayor prima por invertir en acciones, en lugar de en bonos). Un entorno de mayor inflación también tendería a erosionar el crecimiento nominal de los beneficios, rebajar los márgenes e incrementar su volatilidad.

Además de una larga lista de factores inflacionarios —inventarios más elevados, cadenas de suministro menos eficientes, mano de obra más cara y crecientes necesidades de inversión—, unos mayores pagos de impuestos e intereses también podrían ejercer presión sobre los márgenes. En la última década, un porcentaje significativo del aumento de la rentabilidad sobre los recursos propios de las empresas se derivó de la trayectoria descendente de los gastos extraordinarios o no recurrentes, como gastos operativos, impuestos y pagos de intereses. No parece probable que estas tendencias bajistas de los gastos corporativos persistan en el horizonte secular.

En consecuencia, consideramos que los mercados de renta variable ofrecerán unas rentabilidades inferiores a las cosechadas por los inversores desde la crisis financiera global. Dada la menor visibilidad sobre el crecimiento y la rentabilidad, los inversores probablemente exigirán unas mayores primas de riesgo de renta variable y otorgarán prioridad a unos beneficios fiables. Estas perspectivas refuerzan nuestro énfasis en la calidad y la importancia de una meditada selección de valores. Reconocer los temas seculares e identificar a los beneficiarios del nuevo entorno resultará esencial para la generación de alfa en un mundo con una beta menos atractiva.

En busca de protección frente a la inflación

Dada la posible intensificación de las presiones inflacionarias durante el horizonte secular de cinco años, consideramos que los valores del Tesoro de Estados Unidos protegidos contra la inflación (TIPS) y determinados mercados de inflación ofrecen una cobertura a un precio razonable frente a las sorpresas inflacionarias. En la actualidad, los TIPS estadounidenses descuentan un retorno de la inflación al objetivo del 2% de la Fed en 12-18 meses. Esto concuerda con nuestro escenario base, aunque el resultado no está, ni mucho menos, garantizado.

Los mercados de materias primas también podrían ofrecer una valiosa cobertura frente a la inflación, sobre todo frente a las sorpresas inflacionarias, con una beta histórica con respecto a una sorpresa de inflación que excede con creces la de los TIPS. En los compases previos al año 2022, los mercados de materias primas se encontraban, en general, en una trayectoria de fortalecimiento, ya que la recuperación de la demanda se topó con varios años de inversiones insuficientes en la oferta, sobre todo en el sector energético. Los acontecimientos en Ucrania aceleraron aún más esta tendencia y revelaron un mercado que necesita emprender un significativo ciclo de inversión con el fin de satisfacer las necesidades de energía futuras y abordar las inquietudes relacionadas con el cambio climático y la seguridad. Por lo tanto, según nuestras previsiones, será necesario un aumento sostenido de los precios para alentar el capital y generar suficientes inversiones en los mercados energéticos, al menos en el horizonte secular.

El sector inmobiliario también puede desempeñar una función de cobertura frente a la inflación, especialmente en sectores como las viviendas plurifamiliares y trasteros, donde los alquileres no suelen llegar a un año. En Europa, incluso los alquileres industriales o de oficinas están ligados a índices de inflación. Además, los fundamentales se mantienen robustos en muchos segmentos del sector inmobiliario, puesto que los niveles de ocupación permanecen en cotas elevadas y la nueva oferta debería seguir viéndose limitada por unos mayores costes de construcción.

Prudencia en el crédito corporativo: énfasis en la calidad

En vista de una liquidez generalmente mediocre en los mercados de crédito públicos, que viene a sumarse a nuestras perspectivas de mayor volatilidad macroeconómica, riesgo de recesión a medio plazo y mayor incertidumbre en cuanto al apoyo de las políticas fiscales y los bancos centrales, esperamos mantener un sesgo hacia la calidad en nuestras inversiones en crédito corporativo. Resulta probable que aumente el número de impagos y se agraven las pérdidas crediticias en una recesión donde se ofrece un menor apoyo fiscal y monetario en comparación con la experiencia de «comprar en periodos bajistas» de la última década. No creemos que el amplio respaldo político ofrecido a los emisores corporativos durante la crisis de coronavirus represente un nuevo criterio de referencia. En efecto, unos bancos centrales que priorizan la inflación y unos gobiernos centrados en la seguridad nacional y medioambiental se mostrarán mucho menos dispuestos a apoyar a las empresas que no pertenezcan a sectores considerados importantes para lograr el objetivo de resiliencia.

Como de costumbre, nos basaremos en las opiniones de nuestro equipo global de gestores de carteras y analistas de crédito para determinar las sobreponderaciones e infraponderaciones en crédito corporativo. Tenemos previsto favorecer las inversiones de alta calidad y trataremos de obtener condiciones atractivas sobre el resto de  inversiones crediticias. Intentaremos evitar las posiciones que podrían comportar un significativo riesgo de impago en un sostenido ciclo de impago crediticio y posicionarnos como proveedores de liquidez, y no demandantes, durante periodos de tensión en el mercado de crédito.

Riesgos y oportunidades en crédito privado

Las estrategias de crédito privado pueden complementar las asignaciones a crédito público y, en un entorno más complicado para el crédito público, esperamos encontrar buenas oportunidades para las carteras que incorporan una orientación a largo plazo y una elevada tolerancia al riesgo.

Dicho esto, algunos de los mismos excesos de los que hemos sido testigos en el crédito público se han observado en los mercados de crédito privado en los últimos años, sobre todo en las operaciones de préstamo corporativo con mayor apalancamiento que han pasado a ser práctica común en los últimos años. Esos excesos deberían ofrecer un vasto abanico de oportunidades para determinadas soluciones de financiación privada conforme los sobreapalancados balances se ajustan a una realidad de supuestos de crecimiento y valoraciones más realistas. Si bien anticipamos momentos más difíciles para las exposiciones tradicionales a crédito corporativo privado, prevemos una mejor rentabilidad relativa potencial en algunos de los segmentos menos saturados de los préstamos privados. Por ejemplo, los créditos privados al consumo y residenciales deberían estar especialmente bien posicionados para cosechar una atractiva rentabilidad en los próximos años, dado el proceso de desapalancamiento de los balances de los hogares durante más de diez años (mientras que las empresas se han reapalancado). A nuestro parecer, las oportunidades en otros segmentos diversificados del crédito privado, como la financiación aeronáutica, los préstamos inmobiliarios, el alquiler de material y la financiación de royalties, pueden todas ellas superar en rentabilidad al sector de deuda privada corporativa más amplio, habida cuenta de las valoraciones y las condiciones iniciales más favorables en general.

Mercados emergentes: ganadores y perdedores

Según nuestras previsiones, los mercados emergentes ofrecerán buenas oportunidades, aunque subrayamos la importancia de la gestión activa con el fin de distinguir entre los probables ganadores y perdedores en un complicado entorno de inversión. Algunos países deberían beneficiarse de la demanda de bienes de equipo, y los exportadores de materias primas podrían verse favorecidos por unas condiciones comerciales más propicias. Al mismo tiempo, otros países emergentes con unos marcos políticos y fundamentales débiles podrían mostrar una mayor vulnerabilidad en un mundo de ciclos más cortos y volatilidad macroeconómica más elevada. Los importadores de materias primas también podrían afrontar retos considerables.

Un mundo fragmentado generará ganadores y perdedores en los mercados emergentes, lo que resalta la necesidad de un enfoque activo de análisis y gestión de riesgos
En busca de resiliencia

Como hemos mencionado con anterioridad, en un mundo fragmentado en el que debemos prestar suma atención a las líneas divisorias militares y estratégicas, el énfasis en una diversificación adecuada y unas primas de riesgo apropiadas podrían revestir una importancia crucial en la inversión en los mercados emergentes. Esto refuerza el argumento a favor de la gestión activa y un proceso activo de toma de decisiones en un contexto caracterizado por el riesgo de sanciones y medidas confiscación y las posibles sorpresas provocadas no solo por la volatilidad política a escala nacional, sino también por factores políticos regionales y mundiales.

Divisas: el dólar como refugio en medio de la tormenta

Aunque el dólar estadounidense parece sobrevalorado según parámetros de valoración normalizados, prevemos —habida cuenta del riesgo de recesión a medio plazo y las perspectivas de una mayor volatilidad macroeconómica— que el billete verde seguirá funcionando como refugio en medio de la tormenta: una percibida fuente de seguridad relativa durante periodos de volatilidad macroeconómica y de mercado. Una implicación de esto es que, cuando se busca valor, por ejemplo, a través de divisas emergentes baratas o divisas vinculadas a las materias primas del G-10, convendría sopesar la posibilidad de apostar por una cesta de financiación diversificada en diferentes países en lugar de hacer hincapié en cruces de divisas con el dólar estadounidense.

Oportunidades globales

En el horizonte secular, no solo prevemos unas menores rentabilidades de las clases de activos y más volatilidad en esas rentabilidades, sino también una mayor diferenciación entre los países en un entorno marcado por la inestabilidad política y unas colas más anchas en la distribución de resultados. La mayor volatilidad y diferenciación en las rentabilidades macroeconómicas y de mercado aportará tanto riesgos como oportunidades. Nos esforzaremos por mantener carteras resilientes, aunque también adoptaremos un enfoque global con el fin de maximizar el abanico de posibilidades y aprovechar las mejores oportunidades, al tiempo que mitigamos los riesgos en la distribución de resultados. La mayor volatilidad y diferenciación en las rentabilidades macroeconómicas y de mercado aportará tanto de los componentes más débiles. Un mundo caracterizado por una mayor orientación de los participantes del mercado hacia las economías nacionales, una mayor desglobalización y unos mercados de capitales más fragmentados podría ofrecer oportunidades para los inversores con una visión mundial, además de alentar a los equipos de inversión a buscar y aprovechar oportunidades.

PROCESO DEL FORO DE PIMCO

Entre bastidores de los foros económicos de PIMCO

Antes de que los foros económicos fueran la corriente principal en Wall Street, nuestros profesionales de la inversión se reunían para identificar las tendencias económicas y de mercado para nuestros clientes. Décadas después, la piedra angular de nuestro proceso es más fuerte y más importante que nunca.


Ponentes invitados al Foro Secular de 2022

Dan Gallagher

Responsable principal de asuntos jurídicos, corporativos y cumplimiento normativo, Robinhood

Matteo Maggiori

Profesor de Finanzas de la Stanford Graduate School of Business

Katherine Molnar

Directora de inversiones, Fairfax County Police Officers Retirement System

Neha Narula

Directora, Iniciativa de Moneda Digital del MIT

Randal Quarles

Antiguo gobernador y vicepresidente de supervisión, Consejo de la Reserva Federal de Estados Unidos

Yuval Rooz

Consejero delegado y cofundador, Digital Asset

Alex C. Ruane

Investigador de Ciencias Físicas y codirector del Grupo de Impacto Climático del Instituto Goddard de Estudios Espaciales

Angela Stent

Profesora emérita y directora del Centro de Estudios de Eurasia, Rusia y Europa del Este, Universidad de Georgetown, y autora de Putin’s World: Russia Against the West and With the Rest.

Barbara F. Walter

Profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de California, San Diego, y autora de How Civil Wars Start

Sobre nuestros foros

Perfeccionado a lo largo de 50 años y probado prácticamente en todos los entornos de mercado, el proceso de inversión de PIMCO se fundamenta en nuestros Foros Cíclicos y Seculares. Nuestros profesionales de la inversión, repartidos por todo el mundo, se reúnen cuatro veces al año para debatir y analizar la situación de los mercados y la economía mundial e identificar las tendencias que, en nuestra opinión, tendrán repercusiones importantes para la inversión.

En el Foro Secular, que se celebra con una periodicidad anual, examinamos las perspectivas para los próximos tres a cinco años, lo que nos permite posicionar las carteras de los clientes en previsión de los cambios y las tendencias estructurales de la economía mundial. Creemos que la diversidad de ideas mejora los resultados de inversión y por eso invitamos a distinguidos ponentes –nobeles de Economía, políticos, inversores e historiadores– que aportan una valiosa perspectiva multidimensional a nuestros debates. También fomentamos la participación activa del Consejo Asesor Mundial de PIMCO, un equipo compuesto por expertos en asuntos económicos y políticos de renombre mundial.

En los foros cíclicos, que se celebran tres veces al año, nos centramos en las perspectivas para los próximos seis a doce meses y analizamos la dinámica del ciclo económico en los principales mercados desarrollados y emergentes. Nuestro propósito es detectar potenciales cambios en las políticas monetarias y fiscales, las primas de riesgo y las valoraciones relativas que determinan el posicionamiento de nuestras carteras.

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La rentabilidad pasada no es garantía ni indicador fiable de resultados futuros.

Todas las inversiones conllevan un riesgo y pueden perder valor. La inversión en los mercados de renta fija conlleva riesgos, entre los que se incluyen los riesgos de mercado, de tipos de interés, de emisor, de crédito, de inflación y de liquidez. El valor de la mayoría de los instrumentos y las estrategias de renta fija se ve afectado por las variaciones de los tipos de interés. Los bonos y las estrategias de renta fija de duración más elevada tienden a ser más sensibles y volátiles que los valores con duraciones más cortas; el precio de los bonos baja, por lo general, cuando los tipos de interés suben, y los entornos de tipos de interés bajos incrementan este riesgo. La menor capacidad de las contrapartes de los bonos para satisfacer sus compromisos podría contribuir a reducir la liquidez del mercado e incrementar la volatilidad de los precios. En el momento del reembolso, las inversiones en renta fija pueden tener un valor superior o inferior a su coste inicial. Los bonos ligados a la inflación (ILB) emitidos por un gobierno son valores de renta fija cuyo principal se reajusta de forma periódica en función de la tasa de inflación; los ILB pierden valor cuando los tipos de interés reales aumentan. Los valores del Tesoro protegidos contra la inflación (Treasury Inflation-Protected Securities, TIPS) son ILB emitidos por el Gobierno de Estados Unidos. Las materias primas conllevan mayores riesgos de mercado, políticos, regulatorios y vinculados a condiciones naturales, por lo que podrían no ser apropiadas para todo tipo de inversores. El valor de las acciones puede descender debido a las condiciones, tanto reales como supuestas, del mercado general, la economía y los diferentes sectores. El valor de los inmuebles y de las carteras que invierten en el sector inmobiliario puede fluctuar debido a: las pérdidas por siniestro o declaración de ruina, los cambios en las condiciones económicas locales y generales, la oferta y la demanda, los tipos de interés, los impuestos sobre bienes inmuebles, las restricciones normativas sobre alquileres, las leyes de zonificación y los gastos operativos. La inversión en valores denominados en moneda extranjera y/o domiciliados en el extranjero puede comportar un mayor riesgo debido a las fluctuaciones del tipo de cambio, así como a los riesgos económicos y políticos, que podrían acentuarse en los mercados emergentes. Los tipos de cambio pueden fluctuar significativamente durante periodos breves de tiempo, lo que puede reducir la rentabilidad de una cartera. El crédito privado implica una inversión en títulos no cotizados en bolsa que están sujetos al riesgo de iliquidez. Las carteras que invierten en crédito privado pueden estar apalancadas y adoptar prácticas de inversión especulativas que aumentan el riesgo de pérdida de inversión. La diversificación no garantiza la protección frente a una posible pérdida. El riesgo de gestión es el riesgo de que las técnicas de inversión y los análisis de riesgo aplicados por el gestor de inversiones no produzcan los resultados deseados y que determinadas políticas o eventos puedan afectar las técnicas de inversión disponibles para el gestor en relación con la gestión de la estrategia.

Las declaraciones relativas a las tendencias de los mercados financieros o las estrategias de cartera se fundamentan en las condiciones actuales del mercado, que pueden fluctuar. No existe garantía de que estas estrategias de inversión funcionen bien en todo tipo de condiciones de mercado ni de que resulten adecuadas para todos los inversores, y cada inversor debe evaluar su capacidad para invertir a largo plazo, especialmente durante periodos bajistas del mercado. Los inversores deben consultar a un profesional de inversiones antes de tomar una decisión de inversión. Las perspectivas y las estrategias están sujetas a cambios sin previo aviso.

Las previsiones, las estimaciones y determinados datos incluidos en el presente documento se basan en el análisis interno, y no deben considerarse como asesoramiento de inversión ni como una recomendación respecto de ningún valor, estrategia o producto de inversión. No se ofrece garantía alguna de que se obtendrán resultados.

Alfa es una medida de rentabilidad en términos ajustados al riesgo, que se calcula comparando la volatilidad (riesgo de precio) de una cartera y su rentabilidad ajustada al riesgo respecto de un índice de referencia; el exceso de rentabilidad en relación con el índice de referencia es el alfa. Beta es una medida de la sensibilidad del precio a los movimientos del mercado. La beta del mercado es 1.Correlación: una medida estadística de cómo dos tipos de títulos experimentan fluctuaciones que guardan relación entre sí.

Los términos “barato/a(s)” y “rico/a(s)” como se utilizan aquí generalmente se refieren a un valor o una clase de activo que se considera como sustancialmente subvalorado o sobrevalorado en comparación tanto con su promedio histórico como con las expectativas futuras del gestor de inversiones. No hay garantía en cuanto a los resultados futuros ni con respecto a que la valoración de un valor asegure una ganancia ni proteja contra una pérdida.

PIMCO presta servicios a entidades cualificadas, intermediarios financieros e inversores institucionales. Los inversores particulares deben ponerse en contacto con su propio profesional financiero con el objeto de determinar las opciones de inversión más adecuadas para su situación financiera. Este material refleja las opiniones del gestor. Dichas opiniones están sujetas a cambios sin previo aviso. Este material se distribuye exclusivamente con fines informativos, y no debe considerarse como asesoramiento de inversión ni como una recomendación respecto a ningún valor, estrategia o producto de inversión. La información incluida en el presente documento se ha obtenido de fuentes que se estiman fidedignas, aunque ello no puede garantizarse. Se prohíbe expresamente la reproducción de la presente publicación, en todo o en parte, con independencia del formato utilizado, así como la referencia a ella en cualquier otra publicación, sin previo permiso por escrito. PIMCO es una marca comercial propiedad de Allianz Asset Management of America L.P. en Estados Unidos y el resto del mundo. LA NUEVA NEUTRAL es una marca comercial propiedad de Pacific Investment Management Company LLC en Estados Unidos y el resto del mundo. 2022, PIMCO.

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